EL SERVICIO DE REPRODUCCIÓN HUMANA DEL HOSPITAL UNIVERSITARIO DE CANARIAS PRESTA UNA NEFASTA ATENCIÓN A SUS PACIENTES
Enviado por Anónimo el Mar, 12/07/2005 - 14:02.
En fin, una deshumanización tan brutal e incompresible que a uno le da por pensar que si ese âanormalâ apoyo emocional, ofrecido por los miembros del Servicio de Reproducción Humana del Hospital Universitario de Canarias, tiene como finalidad hacer desistir a estas mujeres de su intento, además, de destrozar psicológicamente a sus pacientes con edades avanzadas. Y es que uno llega a preguntarse si esa actitud puede responder a qué este perfil de pacientes -mujeres cercanas a los 40- pudiera suponer un obstáculo estadístico en la curva del éxito profesional del Servicio. Pero el caso es que estas mujeres tienen todo el derecho a intentarlo y, además, a ser bien tratadas. Y no puede consentirse que salgan desoladas y cargadas de negatividad de la consulta cuando tienen que afrontar, además, un tratamiento hormonal que les provoca una alteración física y emocional.
La sanidad debe ser uno de los servicios básicos a los que tienen derecho todos los ciudadanos, entre otras muchas cosas, porque costeamos sus prestaciones. Cada uno de nosotros es sabedor, de una u otra manera, del deficiente servicio que se presta y de las largas colas de espera a la que están sometidos los pacientes, además de esas connivencias extrañas con las empresas privadas. Pero hoy vamos a denunciar un aspecto tan concreto como grave que nos han hecho llegar varias pacientes con respecto al trato inadecuado e inhumano que han recibido por parte de los facultativos del Servicio de Reproducción Humana del Hospital Universitario de Canarias.
Sin duda, los cambios sociales generados en estas últimas décadas han provocado un retraso en la edad al matrimonio y en la constitución familiar, que unidos a otros problemas diversos, ha llevado a que muchas mujeres se vean obligadas, cada día más, a recurrir a la Fecundación In Vitro (FIV). Este hecho es tan relevante que recientemente un proyecto de Ley pretende ampliar la edad, hasta ahora fijada en los 40 años, de las mujeres que puedan someterse a este método bajo la Seguridad Social. Y por otro lado, queda constatado por la proliferación de clínicas privadas que ofrecen ya estos servicios a precios desorbitados.
Es muy razonable, por los motivos que sean, que cuando una mujer decide someterse a este tipo de tratamiento, que viene a ser su último recurso y su última esperanza, trae consigo, también, un problema emocional y psíquico añadido por la presión y la ansiedad que le supone la imposibilidad de quedarse embarazada de forma natural. Por ello, se hace incompresible que unos profesionales de la medicina descuiden tan abiertamente la situación individual y personal de sus pacientes y las sometan a un plus de stress innecesario a través de comportamientos inadecuados, de una pésima atención y con comentarios totalmente desafortunados.
Pues, según nos cuentan, parece ser que desde la primera consulta le dejan bien claro que han llegado tarde, que son muy mayores y que las posibilidades de éxito son muy escasas. Incluso se atreven a sentenciar que han llegado tarde porque probablemente han primado más el desarrollo profesional que el deseo de formar una familia. Y desde luego que con este ánimo gratuito que les brindan es para salir corriendo, sin mirar atrás. Otras excelencias, que no tienen desperdicio alguno, son: âno pierdas tiempo y adopta un niño, que las listas de adopción son largasâ o âtus ovarios están de vueltaâ, âcrees que quedarse embarazada es tan fácil como venir aquí y elegir un niño de una estanteríaâ...
En fin, una deshumanización tan brutal e incompresible que a uno le da por pensar que si ese âanormalâ apoyo emocional, ofrecido por los miembros del Servicio de Reproducción Humana del Hospital Universitario de Canarias, tiene como finalidad hacer desistir a estas mujeres de su intento, además, de destrozar psicológicamente a sus pacientes con edades avanzadas. Y es que uno llega a preguntarse si esa actitud puede responder a qué este perfil de pacientes -mujeres cercanas a los 40- pudiera suponer un obstáculo estadístico en la curva del éxito profesional del Servicio. Pero el caso es que estas mujeres tienen todo el derecho a intentarlo y, además, a ser bien tratadas. Y no puede consentirse que salgan desoladas y cargadas de negatividad de la consulta cuando tienen que afrontar, además, un tratamiento hormonal que les provoca una alteración física y emocional.
Las sucesivas consultas, según nos cuentan, son igual de frías, rápidas y sin intimidad. Y se ven sometidas a un tratamiento donde ponen en riego su salud sin que reciban una mínima información; la única que se le proporciona se reduce a âun papel que tienes que leer y firmarloâ -es el consentimiento para someterse al tratamiento FIV- cuyo contenido les crean una infinidad de dudas que prácticamente no pueden resolver dada la fugacidad de las consultas. En definitiva, salen con sus ilusiones destrozadas y con la esperanza por los suelos.
Aquí queda, pues, la denuncia formulada. Espero tan solo que los responsables del Servicio actúen, que corrijan sus errores y adopten las medidas convenientes para evitar que esta nefasta atención siga repitiéndose y que presten a sus pacientes las mejores condiciones humanas posibles.
Sin duda, los cambios sociales generados en estas últimas décadas han provocado un retraso en la edad al matrimonio y en la constitución familiar, que unidos a otros problemas diversos, ha llevado a que muchas mujeres se vean obligadas, cada día más, a recurrir a la Fecundación In Vitro (FIV). Este hecho es tan relevante que recientemente un proyecto de Ley pretende ampliar la edad, hasta ahora fijada en los 40 años, de las mujeres que puedan someterse a este método bajo la Seguridad Social. Y por otro lado, queda constatado por la proliferación de clínicas privadas que ofrecen ya estos servicios a precios desorbitados.
Es muy razonable, por los motivos que sean, que cuando una mujer decide someterse a este tipo de tratamiento, que viene a ser su último recurso y su última esperanza, trae consigo, también, un problema emocional y psíquico añadido por la presión y la ansiedad que le supone la imposibilidad de quedarse embarazada de forma natural. Por ello, se hace incompresible que unos profesionales de la medicina descuiden tan abiertamente la situación individual y personal de sus pacientes y las sometan a un plus de stress innecesario a través de comportamientos inadecuados, de una pésima atención y con comentarios totalmente desafortunados.
Pues, según nos cuentan, parece ser que desde la primera consulta le dejan bien claro que han llegado tarde, que son muy mayores y que las posibilidades de éxito son muy escasas. Incluso se atreven a sentenciar que han llegado tarde porque probablemente han primado más el desarrollo profesional que el deseo de formar una familia. Y desde luego que con este ánimo gratuito que les brindan es para salir corriendo, sin mirar atrás. Otras excelencias, que no tienen desperdicio alguno, son: âno pierdas tiempo y adopta un niño, que las listas de adopción son largasâ o âtus ovarios están de vueltaâ, âcrees que quedarse embarazada es tan fácil como venir aquí y elegir un niño de una estanteríaâ...
En fin, una deshumanización tan brutal e incompresible que a uno le da por pensar que si ese âanormalâ apoyo emocional, ofrecido por los miembros del Servicio de Reproducción Humana del Hospital Universitario de Canarias, tiene como finalidad hacer desistir a estas mujeres de su intento, además, de destrozar psicológicamente a sus pacientes con edades avanzadas. Y es que uno llega a preguntarse si esa actitud puede responder a qué este perfil de pacientes -mujeres cercanas a los 40- pudiera suponer un obstáculo estadístico en la curva del éxito profesional del Servicio. Pero el caso es que estas mujeres tienen todo el derecho a intentarlo y, además, a ser bien tratadas. Y no puede consentirse que salgan desoladas y cargadas de negatividad de la consulta cuando tienen que afrontar, además, un tratamiento hormonal que les provoca una alteración física y emocional.
Las sucesivas consultas, según nos cuentan, son igual de frías, rápidas y sin intimidad. Y se ven sometidas a un tratamiento donde ponen en riego su salud sin que reciban una mínima información; la única que se le proporciona se reduce a âun papel que tienes que leer y firmarloâ -es el consentimiento para someterse al tratamiento FIV- cuyo contenido les crean una infinidad de dudas que prácticamente no pueden resolver dada la fugacidad de las consultas. En definitiva, salen con sus ilusiones destrozadas y con la esperanza por los suelos.
Aquí queda, pues, la denuncia formulada. Espero tan solo que los responsables del Servicio actúen, que corrijan sus errores y adopten las medidas convenientes para evitar que esta nefasta atención siga repitiéndose y que presten a sus pacientes las mejores condiciones humanas posibles.
Comentarios
Re: EL SERVICIO DE REPRODUCCIÓN HUMANA DEL HOSPITAL UNIVERSITARI
Hoy 16 de diciembre de 2006, sigue pasando absolutamente lo mismo, la persona que escribió esto ha redactado exactamente lo que ma ha pasado a mi personalmente.